Los ejes del amor, según el budismo

Actualizado: feb 14

Los cuatro ejes del amor son valores esenciales que resultan aplicables a toda forma de afecto, incluyendo el que sentimos por nosotros mismos. Se trata de parámetros que se deben cultivar y mantener para que aflore lo mejor que hay en nuestro interior.


Los ejes del amor para el budismo son cuatro y fueron descritos por el maestro zen Thich Nhat Hanh en un pequeño libro llamado Amor verdadero: una práctica para despertar al corazón. En él no solo se refiere al amor de pareja, sino a todo tipo de vínculo afectivo. Inclusive el que uno debe tener consigo mismo.


En realidad, los ejes del amor son verdades sencillas que, quizás por eso mismo, pasan desapercibidas a nuestros ojos. Nos hablan de elementos esenciales que deben identificarse, cultivarse y protegerse en las relaciones familiares, de pareja y amistad. De hecho, lo ideal sería tenerlos en cuenta en nuestra relación global con nosotros mismos y con el mundo.


 “Acá estoy, te escucho atentamente y estoy feliz de hacerlo”. -Thich Nhat Hanh-

El budismo entiende el amor como un sentimiento universal que debe prodigarse a todo lo existente. Llenándote de verdadero amor alcanzas el equilibrio y, con este, la paz espiritual.


Te invitamos a reflexionar sobre los ejes del amor según el budismo. Puede ser un gran aporte para tu vida.



La alegría, uno de los ejes del amor


La alegría es una manifestación de regocijo interior. Significa que estamos conformes y contentos con la realidad y que la misma nos genera entusiamo y gozo. No quiere decir que esta emoción se mantenga constante o con la misma intensidad en todo momento. Más bien se trata de una disposición.


Quien está alegre transmite esa alegría a los demás. Así como la ansiedad o la tristeza tienen algo de contagioso, también la alegría se irradia e impregna de buen estado de ánimo a quienes nos rodean. Es uno de los ejes del amor por uno mismo y por los demás. Supone un trabajo constante por adaptarnos y equilibrarnos.


La compasión, un eje fundamental


La compasión no significa sentir pena por otra persona, ni verla como alguien inferior o limitado. Como la palabra lo indica, se trata de compartir la pasión (en su acepción de sufrimiento) con el otro. Comprender su dolor y llegar a sentirlo como propio. Por lo tanto, es fundamentalmente un acto de empatía.


La compasión forma parte esencial del amor porque supone una compenetración con los sentimientos de otra persona, además de la aceptación y validación de sus vulnerabilidades y limitaciones. La compasión hace que en lugar de cuestionarlas, más bien las comprendamos y lleguemos a sentirlas como nuestras.


El disfrute mutuo, la felicidad multiplicada


Se sabe que hay amor cuando una persona disfruta de la existencia y de la compañía de otro. Esto supone el deseo de concederle tiempo y estar verdaderamente presentes en los ratos que se pasan con esa persona. Es decir, enfocar nuestra atención hacia ella cuando conversamos, o cuando compartimos alguna situación en común.


También implica la capacidad para escuchar y estar abiertos a lo que esa persona piensa, dice y hace. Según el budismo zen, el disfrute mutuo no solo es uno de los ejes del amor, sino que también ofrece una señal inequívoca de la presencia del amor. Si no hay disfrute mutuo, no se puede hablar de amor.



La libertad, base de todo


El budismo señala que no se puede ser libre si no hay previamente un equilibrio interior. Este se expresa como calma y compostura frente a todo tipo de situaciones. Indica que para poder amarnos a nosotros mismos y a los demás, primero es indispensable calmar esas tormentas interiores que, a veces, nos invaden e impiden el afloramiento de los sentimientos más positivos.


Lo que más atrapa al ser humano y más le quita libertad son los miedos y la ira. Solo trabajando sobre esas emociones y logrando diluirlas, logramos ser verdaderamente libres para amar. De lo contrario, es posible que terminemos convirtiendo al otro en objeto de esos miedos y esas agresiones. Si hay armonía interna, en cambio, nos hacemos libres y dejamos que el otro lo sea.


Para el zen es importante que no solamente cultivemos nuestro propio interior. Cuando se ama, también hay interés porque el ser amado crezca y logre su equilibrio interno. Señalan que el amor es un sentimiento activo, no receptivo. Cada quien es un soporte y un referente para aquellos a los que ama. Así que al cultivar los ejes del amor se está incidiendo en el otro, principalmente a través de la vía del ejemplo.


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