¿En dónde “vive” la empatía?


Yoguis, neurocientíficos, meditadores, filósofos y curiosos se han preguntado durante siglos si la mente y el cerebro son lo mismo, y si no lo son, en dónde se encuentra la frontera entre uno y otro.


La evolución ha actuado sobre el cerebro al agregar capas que le dan habilidades más sutiles. La más primitiva es el tallo encefálico, también llamado cerebro reptiliano, que es donde se alojan los instintos. Dicen los expertos que es una parte que no piensa ni aprende, sólo reacciona mecánicamente.


Millones de años después, el cerebro desarrolló el neocórtex, una zona que se relaciona con una cualidad única del Homo sapiens: la memoria social, la cual, a diferencia de lo que ocurre con todas las demás especies, no se acaba con la propia muerte.


Entender cómo funciona el cerebro a nivel anatómico es complejo, pero deducir la relación de ese órgano con las emociones, memoria o intuiciones es aún más desafiante.

En el mundo del bienestar y el desarrollo espiritual hay un valor que aparece con frecuencia en los textos y conversaciones: la empatía. Podríamos pensar que al tratarse de algo emocional, está desligado de lo racional. Pero, ¿acaso hay algo que represente más a la razón que el cerebro?


Los científicos han encontrado que en la corteza prefrontal derecha se localiza una capacidad única de la conciencia humana: la empatía. Sí, cuando te pones en los zapatos del otro, cuando te preguntas cómo se siente o por qué es como es, sin juzgarlo, se activa una parte específica de tu cerebro.


La filosofía del yoga enseña que la dicha radica en la eliminación de la dualidad, en ese momento en que dejas de confrontar los opuestos. Es bueno saber que al menos en el cerebro, razón y emoción ya están integradas, de alguna manera, a favor de la capacidad de empatizar.


¿Cómo ser más empáticos?

Para aumetar tu capacidad de empatía, puedes seguir las siguientes recomendaciones:


• Escucha atentamente y de forma activa a la otra persona: Deja que hable sin interrumpirle. Evita frases como "Pues a mí me pasó lo mismo", y sobre todo, evita desviar la atención hacia tus propias vivencias, pues no se trata de eso.


• Pregunta para saber más: Cuando la persona haga una pausa y te hayan surgido dudas, pregunta todo aquello que quieras saber. Eso hará que sienta que le pones atención y te preocupas por él/ella.


• Evita las frases muletilla: "Todo se solucionará", "No te preocupes", "No pasa nada", pues limitan la comprensión y pueden hacer que la otra persona deje de hablarte de lo que le pasa. Frases como "Debe ser duro" o "No puedo imaginarme por lo que debes de estar pasando" son más acertadas.


• Intenta pensar y sentir como lo hace el otro, sin juzgarlo:No pienses en lo que harías tú, lo que pensarías tú o lo que sentirías tú. Piensa en cómo es esa persona, en su sistema de valores, su educación, sus prioridades y su personalidad; a partir de todo ello, trata de comprender por qué se siente de la forma que lo hace. Lo más importante: no juzgues sus emociones, sentimientos y reacciones, pues no significa que esté bien o mal, simplemente es alguien distinto a ti.


• Evita los consejos típicos: La empatía no requiere que soluciones los problemas de los demás ni que les des consejos u opiniones que no te han pedido. A veces, simplemente la escucha es la mejor ayuda.


Ahora que sabes en qué parte del cerebro surge la empatía y cómo incrementar esta capacidad, es hora de activar tu corteza prefrontal para ser más empático, algo que el mundo actual necesita con urgencia.


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